Adunafael
Synopsis
Todo se va al carajo. Chungamis, terremotos, caos y destrucción. La Humanidad tiene que sobrevivir. Lástima que sean una panda de ineptos...
Excerpt
Si alguien le pidiera que se definiera en una sola palabra, Cer no lo dudaría ni por un momento: esa palabra sería, sin lugar a dudas, feliz. Y es que Cer era, pues eso, básicamente feliz. Dotado de un sentido práctico a prueba de bomba, y una genética privilegiada, necesitaba muy poco para encontrarse a gusto, y tenía todo lo que necesitaba. Vivía en un buen sitio, estaba rodeado de una familia más que extensa, comía siempre que lo necesitaba, y dormía cuando le parecía oportuno, solo o acompañado.
Así que era feliz. ¿Por qué no iba a serlo? Estaba cansado de ver gente todos los días que se preocupaba por estupideces que no necesitaba y que le impedían ver lo estupendas que eran en realidad sus vidas. La Humanidad había evolucionado hasta convertirse en una masa insatisfecha, gruñona, histérica, apresurada y triste, compuesta por individuos egoístas y disfuncionales que medían su valor en función de lo que poseían o podían llegar a poseer y no en función de sí mismos.
Eso no funcionaba para Cer, ni para ninguno de lo suyos, de aquellos que lo rodeaban y arropaban en su colonia perfectamente productiva y organizada, donde todos sabían cuál era su sitio, y todos estaban satisfechos con él. Cer era feliz no porque tuviera mucho, sino porque necesitaba muy poco. No se consideraba a sí mismo especialmente filosófico, pero esa sencilla filosofía de vida le había acompañado siempre y le funcionaba mejor que bien. Y luego, claro, estaba el hecho de que también había sabido desde siempre que estaba llamado a un destino superior. Sabía que él y los suyos dominarían el mundo y todo lo que contenía, y lo sabía con esa certeza absoluta de quien no ha tenido ninguna prueba que lo contradijera. Así que Cer tenía la absoluta certeza de que, en algún momento, él u otro como él terminaría por dominar la Tierra. Y no sería un gobierno tiránico, a la medida de los malvados en plan Fu Manchú, no. Ese gobierno sería para el planeta como el de un padre condescendiente y protector, un padre feliz que gozaría de la tierra y todo lo que tenía para ofrecerle y que no se dedicaría a explotarla, mancillarla, ensuciarla y desgastarla hasta la extenuación.
Pero claro, aunque Cer sabía que eso tenía que ocurrir, lo veía más como una profecía, como una metáfora de un futuro muy lejano, como una herencia que dejar a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Hasta hacía bien poco, nunca se había planteado que esa suerte de profecía no escrita hablara directamente de él y, sin embargo, cada día, cada hora que pasaba estaba más y más convencido de que así era como iban a ser las cosas.
Así que ahora, además de feliz, estaba muy, muy acojonado.
