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controlZape
Novel: Cuando el escepticismo salvó al mundo
Genre: Science Fiction
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About controlZape

Location: Cuernavaca - Coyoacán

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Website: http://librepensar.blogspot.com

Favorite novels: El Perfume, El Tambor de Hojalata, Relámpagos de Agosto, Las Muertas

Favorite writers: Patrick Süskind, Jorge Ibargüengoitia, Gunter Grass, Isaac Asimov

Non-noveling interests: escepticismo, divulgación de la ciencia y del pensamiento crítico

Joined date: October 10, 2007

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Cuando el escepticismo salvó al mundo
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Cuando el escepticismo salvó al mundo

Durante la historia de la atolondrada humanidad ha habido varias ocasiones en las que va por la vía rápida a la autodestrucción. A finales del siglo XXI hubo una de esas ocasiones y esta es la historia de cómo se metió el freno a tiempo.

Préambulo

En aquellos días de consumismo desenfrenado y de ideologías insuficientes y añejas abundaban los magufos. Magufos siempre había habido desde que alguien se inventó un cuento que mal explicaba algún aspecto de la realidad y los demás lo creían sin hacer preguntas. Pero desde la edad media no habían surgido tantos que tuvieran tal cantidad de público.

Fue cuando surgió una iniciativa que quizá se haya discutido así:

- Necesitamos recaudar más impuestos, señor - recordó un consejero.

El señor a quien le hablaban era un funcionario de los que tomaban decisiones que afectaban a los habitantes de uno de los países más ricos del planeta. El aumento de impuestos era para hacer una obra magnífica o pagar alguna necedad nacional, como una olimpiada que seguían siendo muy populares gracias a lo genios de la mercadotecnia.

- Muy bien. Quizá podamos cobrar un impuesto por tener automóviles movidos por gasolina - dijo el funcionario.

- No es conveniente. Con la sequía inminente de pozos petroleros cada vez son menos los dueños de vehículos que tienen uno que funcione con gasolina.

- Entonces cobremos un impuesto a todos los que tienen vehículo aunque no se muevan a gasolina.

- De esos hay más pero no los suficientes. Como funcionario del gobierno ud no lo ve pues es transportado en vehículos tradicionales por seguridad pero la mayoría de la población se mueve en transporte público y ya cobramos un impuesto por translado; aumentarlo ocasionaría descontento- observó el consejero.

El funcionario se quedó contemplando sus zapatos un largo rato. El consejero cansado de un día de trabajo largo y exasperado por la falta de imaginación de su jefe aventuró la siguiente idea:

- ¿Qué tal si cobramos algo por un bien que todos consumen pero que en el fondo no es tan necesario para evitar tumultos?

- ¿Y qué bien es ese? - preguntó el funcionario.
- La credulidad.

El funcionario miró atentamente a su consejero. Lo miró con la experiencia que dan los puestos grandes y pensó que podría haber algo que valiera la pena en la cabeza de su empleado.

- Elabora - pidió.

- La gente tiene dinero que gasta en sinsentidos. Cartas astrales, lecturas de mano, métodos secretos para que les vaya mejor en la vida, fórmulas para bajar de peso sin esfuerzo, visitas a autoproclamados viajeros de dimensiones para platicar con muertos...

- Pero a todos esos charlatanes ya les cobramos impuestos - dijo el funcionario.

- Sí - reconoció el consejero - pero no me refería a los proveedores. Hay que cobrar un impuesto a los usuarios. Son, después de todo, mayoría y siempre han estado dispuestos a pagar lo que sea para satisfacer sus creencias absurdas.

El funcionario reflexionó sobre la propuesta. Lamentablemente la idea que tenía su consejero de él acerca de lo limitado de su imaginación era cierta y en ese momento juzgó que ese era un medio tan bueno como cualquier otro de recaudar impuestos.

Se equivocaba. Días después cuando el funcionario firmó el decreto impositivo a la credulidad no se imaginaba que mandaría al planeta a una vbrágine en la que casi sería destruido.

Ana vivía bien. A pesar de que su contrato matrimonial había terminado antes del tiempo establecido y de que su pareja la había dejado en la ruina y con dos hijos, Ana vivía bien.

Cuando la abandonaron estuvo un tiempo desconsolada. Al terminarse el poco dinero que le había dejado su pareja llegó el hambre y con ella la inventiva. Ana no sabía ejercer ningún oficio ni ninguna carrera. Sus padres la criaron para que consiguiera una pareja que pudieran presumir a su círculo de amigos y parecer como muñeca era lo único que le habían enseñado.

Ante ese panorama recordó mejores tiempos para no hacer frente a la realidad. Se acordó cómo en su juventud bromeaba a sus amigos diciéndoles que les iba a leer su futuro. En realidad no hacía tal cosa. Recordaba algún detalle escabroso de la vida del incauto que estuviera leyendo y se lo decía con palabras rimbombantes y voz de ensueño. Sus amigos creían que de alguna forma misteriosa y mágica Ana adivinaba sus vidas.

A falta de mejor idea Ana decidió entonces poner un letrero sobre su puerta anunciando que leía el futuro y arreglaba maleficios.

Al cabo de poco tiempo la voz se corrió y Ana comenzó a recibir clientes. La mayoría pagaba muy conforme lo que ella les pedía por oir cosas que ya sabían y que ella adivinaba por lo que veía.

- Tienes problemas en tu trabajo - le decía a quien veía atribulado y vestido de uniforme para trabajar.

Casi siempre le atinaba y las pocas veces que eso no ocurría bastaba con que propusiera alguna generalidad para conservar la confianza de su cliente e ir hilando sobre la marcha.

- Ud es una persona a la que le gustan los retos - decía.

- Si, justo la semana pasada adquirí un nuevo negocio y estoy preocupado por su apertura. ¿Qué puedo hacer para tener éxito?

En casos como este Ana proponía mobiliario nuevo y plantas benignas para los buenos deseos. Si el ciente así lo deseaba Ana podía proporcionarle de esas plantas para el éxito a un precio razonable.

En pocos meses se había vuelto independiente económicamente. Al grado de que consideraba contratar a alguien que le ayudara a atender clientes en un local más amplio que la sala de su casa.

Justo cuando estaba considerando sus planes de expansión comenzó a notar que muchos de sus clientes aplazaban sus citas. Incluso las cancelaban.

Ana no sabía que ocurría. Sólo sabía que el dinero que había juntado no le iba a durar.

Ana vivía bien, pero sabía que eso no iba a durar.

Por todo el país había casos similares. Los magufos se estaban quedando sin clientes y no sabían porqué. Los más desesperados haciendo a un lado la regla elemental de no buscar nunca al cliente fueron a platicar con sus clientes de más confianza y antiguedad.

- Sale muy caro y he recapacitado sobre la utilidad de lo que me proporcionas y me dí cuenta que prefiero usar ese dinero para otras cosas - decían la mayoría.

Los magufos, muy concentrados en engañar a la gente, no se informaban de lo que ocurría. Pocos de ellos son los que se conectaban al holoperiódico que el resto de la gente consultaba en línea cerrando los ojos mientras se transportaban al trabajo gracias a la interneuronet.

No obstante, había algunos magufos que por la naturaleza de su trabajo debían estar informados de lo que ocurría en el mundo. Eran los que se dedicaban a pregonar año con año las adivinanzas que ocurrirían los siguientes meses. Todas disparatadas. Algunas apocalípticas (habrá un terremoto en Asia decían) y otras de la farándula (Miguelito el cantante virtual de moda adoptará a un hijo de carne y hueso). Esta clase de magufos sí consultaba el holoperiódico con alguna regularidad para ser los primeros en cacarear que sus poderes adivinatorios eran reales en el caso de que alguna de sus adivinanzas se hiciera realidad.

Juan uno de los adivinos más prominentes de su ciudad, estaba conectado a la interneuronet por el circuito que a la mayoría de la población le instalaban en la corteza cerebral en una operación quirúrgica sencilla a las primeras horas de nacer. Después de navegar por las ligas que se visualizaban como tubos por los que su yo-digital se transladaba, consultaba su periódico favorito.

- GeneralMotors lanza al mercado su nuevo modelo de metrobus. Un inmenso edificio movil que se translada por la red de servicio público que tiene cada ciudad para tranportar a 10,000 personas a la vez...

- El nuevo Papa se descompuso otra vez. Lo sabotearon unos hackers y habrá que reescribirle algunos miles de líneas de código para que se reestablezca y pueda esparcir la fe católica por la interneuronet...

- Se solicita ayuda para la ciudad de Nueva Nueva Nueva Orleans que por cuarta ocasión en este siglo ha quedado inundada bajo el agua...

- Los lunares celebran el vigésimo aniversario de la colonización. Celebrarán con un concierto en vivo. Los boletos para ingresar al concierto son más caros que el boleto de ida y vuelta a la luna.

- El impuesto a la credulidad, un éxito, dicen funcionarios de Hacienda. Lo recaudado se utilizará para la construcción de la ciudad Olímpica en la capital de la Nación que albergará los juegos olímpicos edición...

- ¿Impuesto a la credulidad? - pensó Juan. -¿Qué es eso?

Juan navegó por las ligas que el periódico ofrecía como información relacionada. En ellas se enteró que el ministerio de Hacienda desde hacía varios meses había decretado un impuesto a quienes eran usuarios de los astrólogos, adivinadores, mediums, sanadores espirituales, homeópatas, maestros de levitación y translación ultradimensional.

La recaudación del impuesto, como la de todos los demás impuestos se efectuaba durante la transacción electrónica que implicaba la compra de cualquier servicio. Los magufos,al igual que el resto de los comerciantes, tenían en su local instalado un conector inalámbrico de interneuronet que sólo registraba la compra del servicio en el circuito del usuario.

A final de mes, al usuario le pagaban créditos electrónicos por el trabajo que fuera que hiciera, En el momento en que se conectara a la interneuronet el ministerio de Hacienda hacía un descuento basado en los registros que tenía de las compras efecuadas y se cobraba y mandaba al usuario un estado de cuenta.

Los usuarios, sin problemas financieros casi todos en esta nación, aceptaban cualquier aumento de impuestos con un encogimiento de hombros. Cuando eran muy elevados lo que hacían era simplemente dejar de consumir el bien por el que les cobraban más impuestos y adquirían un sustituto.

Aún estaba fresca en la memoria de Juan la ocasión en la que predijo que el gobierno no elevaría los impuestos al transporte y cuando eso ocurrió la cantidad de burlas que recibió. Afortunadamente a los pocos meses hubo un terremoto en Armenia y pudo recurrir a su adivinación de que habría un terremoto en Asia con lo que acalló la voz de sus críticos.

Pero definitivamente, este impuesto a la credulidad Juan no lo vió venir.

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